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Cerámica de los siglos XX y XXI |
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El proceso de industrialización de Barcelona dio lugar al crecimiento de la ciudad. Los nuevos edificios de la burguesía pujante y culta, como los del resto de Europa, ostentaban unos interiores más confortables y mejor decorados. En la Exposición Universal de 1888 se consolidaron las nuevas tendencias artísticas que reivindicaban la integración del artesanado en la arquitectura.Las fuentes de la estética modernista se encuentran en el arte medieval, en las composiciones armónicas y libres del arte oriental, y en las formas sinuosas y sensuales de la naturaleza. La fábrica Pujol i Bausis de Esplugues de Llobregat realizaba los complementos arquitectónicos diseñados por arquitectos, reproducía modelos mudéjares, góticos y renacentistas, y también importaba productos extranjeros. La máxima contribución al auge de la cerámica para la decoración de interiores fue la de Antoni Serra Fiter, que en su taller del Poblenou fabricaba en porcelana jarros ornamentales y esculturas diseñadas por los artistas más destacados del momento: Venanci Vallmitjana, Gustave Violet, Eusebi Arnau, Pablo Gargallo, Enric Casanovas, Ismael Smith, Xavier Nogués y Josep Pey
El Noucentisme fue un movimiento artístico que nació como reacción a la grandiosidad irracional y decadentista del modernismo, íntimamente vinculado al nacionalismo catalán. Las líneas estéticas oscilaban entre la recuperación de las raíces del arte catalán popular y del clasicismo mediterráneo, y el desprecio a las influencias artísticas extranjeras que habían influido en el movimiento precedente. Muchos artistas modernistas se pasaron al Noucentisme, y en 1911, dirigidos por Eugeni d’Ors, editaron el Almanac dels Noucentistes, en el que se definieron como continuadores del modernismo a pesar de que sus criterios eran totalmente opuestos. La fundación de galerías de arte, de la Escuela Superior de Artes y Oficios y de otros centros destinados a formar artistas en todas las especialidades del arte, contribuyeron a la difusión del movimiento. . |
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Las exposiciones internacionales de Londres, París y Bruselas, además de la publicación de varios libros de arte, difundieron la cultura oriental en Occidente desde mediados del siglo XIX, dando lugar a una corriente artística que se conoce con el nombre de Orientalismo. El hecho de que esta tendencia artística se haya mantenido viva hasta hoy se debe a que estéticamente coincide con el minimalismo, con sus formas simples y puras de superficies discretas, monocromas y elegantes. André Méthey, Josep Llorens Artigas, Francesc Elías, Eudald Serra, Jordi Aguadé, Angelina Alós, Jorge Fernández Chiti, Jacques Bucholz, Kita Kazuaki, Victoria de Villalonga y Ramon Carreté, entre muchos otros, son algunos de los artistas - ceramistas que han sucumbido a la seducción del refinamiento del arte oriental.
• A principios del siglo XX, muchos otros ceramistas eligieron trabajar la arcilla manteniéndose fieles a la tradición, al trabajo realizado con el torno y a la ornamentación figurativa, sobria y esquemática. Dicha corriente, a la que muchos artistas continúan adscritos, recibió el nombre de Moderna y se caracteriza por las obras de perfiles sinuosos y superficies lisas, brillantes, mates o rugosas, que canalizan la búsqueda de los nuevos cánones estéticos. Partiendo de prototipos clásicos, cada uno de ellos produce formas renovadas en las que imprime su propia personalidad artística. Las obras de Antoni Cumella, Jordi Serra y Núria Pié ejemplifican las infinitas posibilidades de creación dentro de la tradición más pura. |
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La cerámica de autor nació como una reacción a la monotonía de la obra seriada fabricada industrialmente. A finales del siglo XIX muchos ceramistas fundaron sus propios talleres, donde producían piezas únicas e investigaban con distintas arcillas, esmaltes, pigmentos y hornos. Con cada descubrimiento, los ceramistas iban configurando su propio lenguaje artístico
Desde entonces, muchos escultores y pintores que se han sentido atraídos por la ductilidad del barro y han querido explotar sus infinitas cualidades o experimentar con sus texturas, colores y formas, han acudido a los estudios de los ceramistas para producir sus obras bajo las sabias directrices de los expertos. Picasso trabajó desde 1947 a 1973 bajo el asesoramiento de Georges Ramié en su fábrica Madoura de Vallauris (Francia); Joan Miró se inició en la cerámica en 1944 de la mano de sus amigos y maestros Josep Llorens Artigas y Joanet Gardy Artigas, en los talleres de Gallifa (Barcelona); Miquel Barceló ha colaborado con Geroni Guinard (Artà, Mallorca),con los alfareros de Angers (Francia) y con Vicenzo Santoriello (Vietri sul Mare, Italia). Antoni Tàpies y Eduardo Chillida han trabajado siempre con Hans Spinner, ceramista alemán residente en Grasse (Francia).
La cerámica actual pone en evidencia el alto potencial de la materia prima y su capacidad de transformación y adaptación a cualquier estilo. Los diferentes tipos de arcillas y los diversos modos de trabajarla ofrecen a los artistas la posibilidad de expresarse mediante su propio lenguaje creativo, ya sea tradicional, étnico, constructivista, organicista, informalista, postmoderno o conceptual. |
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